Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde
Historia, contexto y producto
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde es una de las creaciones más singulares de la célebre firma artesanal francesa fundada en el año 2007 en el corazón de la Drôme Provençale. Esta exclusiva marca nació con el firme propósito de salvaguardar y relanzar el prestigio de la alta chocolatería y los productos gastronómicos tradicionales de la región de la Provenza. El alma detrás de este proyecto familiar se inspira en los recuerdos de la infancia y en las recetas culinarias de la abuela Mathilde, quien da nombre a la compañía.
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde representa fielmente ese viaje nostálgico hacia la repostería artesana francesa, donde cada detalle visual y gustativo se cuida con una precisión absoluta. La fábrica original comenzó su andadura en un pequeño taller donde se combinaban ingredientes locales de proximidad con el cacao procedente de plantaciones sostenibles de todo el mundo. Con el paso de las décadas, la firma ha sabido expandirse internacionalmente sin perder un ápice de su identidad familiar ni de sus métodos de producción tradicionales.
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde se distingue de las opciones industriales masivas gracias a su proceso de moldeado manual y a la cuidada selección de sus materias primas principales. El chocolate con leche empleado por la marca se caracteriza por poseer un porcentaje óptimo de manteca de cacao pura, evitando grasas vegetales sustitutivas de baja calidad alimentaria. Esta exigencia en la formulación garantiza una textura excepcionalmente sedosa que se funde de manera uniforme en la boca al contacto con la temperatura corporal.
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde ofrece un enfoque lúdico y elegante que conecta directamente con la cultura del regalo gourmet refinado y los coleccionistas de piezas de confitería. El diseño de este producto rinde un homenaje explícito y detallado al cuerpo de bomberos, utilizando moldes de alta precisión que reproducen herramientas de salvamento en chocolate. Encontramos figuras perfectamente perfiladas como camiones de extinción, mangueras enrolladas, hachas de rescate, cascos de protección tradicionales y escaleras de intervención de emergencia.
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde se presenta en un estuche de diseño retro que evoca las antiguas cajas de juguetes de hojalata del siglo pasado, aportando un gran valor estético. Esta estética vintage es una de las señas de identidad de la firma francesa, que busca transformar el consumo de un dulce en una experiencia cultural completa. Cada figura de chocolate se dispone de manera ordenada en el interior para garantizar su perfecta conservación durante el transporte hasta el cliente.
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde es el resultado de la fusión entre el diseño creativo contemporáneo y el respeto por los tiempos de templado del chocolate artesanal de calidad. El maestro chocolatero controla manualmente la curva de temperatura del cacao para asegurar que la superficie de cada figura presente un brillo satinado impecable y limpio. Este proceso técnico evita la aparición de manchas blanquecinas provocadas por la cristalización deficiente de las grasas, un defecto común en los chocolates industriales corrientes.
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde aporta un valor diferencial indiscutible a las tiendas gourmet especializadas que huyen de los catálogos comerciales repetitivos y carentes de alma de supermercado. En El Colmado de Soraya seleccionamos esta propuesta porque entendemos que el público de Ávila busca sorprender con regalos que combinen originalidad visual con una calidad organoléptica incuestionable. No se trata de un simple artículo de confitería para niños, sino de un capricho gastronómico transgeneracional que despierta sonrisas y deleita los paladares más finos.
Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde utiliza una base de chocolate con leche que equilibra los matices dulces con la profundidad aromática de las habas de cacao seleccionadas con rigor. A diferencia de las coberturas industriales que abusan del azúcar blanquilla para enmascarar los defectos del grano, aquí se percibe la persistencia láctica y notas sutiles de vainilla natural. Cada figura posee un volumen tridimensional que permite apreciar el relieve de los detalles grabados en el chocolate por los artesanos provenzales.
La filosofía culinaria de la marca prohíbe la inclusión de colorantes artificiales agresivos o conservantes químicos que alteren la pureza del sabor original del cacao seleccionado. El color marrón suave y el aroma embriagador que emana al abrir la caja provienen exclusivamente de la mezcla noble de ingredientes naturales de primera categoría. Esto asegura un producto honesto, coherente con las expectativas de los consumidores que practican una alimentación consciente y valoran el trabajo de los pequeños productores.
La región de la Drôme Provençale, donde se ubica la sede central de la empresa, es famosa por su luz, sus campos de lavanda y su microclima mediterráneo ideal. Este entorno natural influye positivamente en la inspiración de los artesanos de la firma, quienes conciben la chocolatería como una de las bellas artes culinarias. Traer esta caja de chocolates a Ávila es tender un puente directo con el refinamiento de la gastronomía del sur de Francia y su inigualable estilo de vida.
Análisis sensorial y experiencia
La cata detallada de este producto gourmet constituye un viaje emocionante para los sentidos que comienza en el mismo instante en que se desliza la tapa del estuche. El primer impacto visual revela la maestría del moldeado, mostrando una superficie de chocolate pulida, brillante y con un color marrón claro sumamente atractivo y homogéneo. Las figuras de los bomberos y sus herramientas muestran unos contornos nítidos que demuestran la limpieza absoluta de los moldes de policarbonato empleados en el taller.
Al acercar la pieza a la nariz, se despliega un aroma limpio y reconfortante de leche condensada, notas de caramelo suave y un fondo delicado de cacao tostado. No se perciben notas químicas extrañas ni aromas grasientos pesados, lo que confirma el uso exclusivo de manteca de cacao pura en su rica formulación artesanal. Es un perfume que evoca de inmediato las meriendas de la infancia y las pastelerías tradicionales francesas en los días de invierno.
La experiencia táctil es igualmente reveladora, ya que el chocolate se presenta firme al tacto inicial pero responde rápidamente al calor natural de las yemas de los dedos. Al partir una de las figuras de chocolate con leche, se produce un sonido sordo y limpio, indicador inequívoco de un correcto proceso de templado en fábrica. La fractura es regular, sin desprendimiento de molestas virutas ni presencia de burbujas de aire internas que estropeen la densidad de la pieza.
Al introducir el chocolate en la boca, la magia de la textura fluida se apodera de las papilas gustativas de manera inmediata y sumamente placentera. La pasta no resulta pastosa ni se adhiere de forma pesada al paladar, sino que se licúa con una elegancia y una ligereza que sorprenden gratamente. Esta solubilidad perfecta permite que los sabores se liberen de manera progresiva, inundando toda la cavidad bucal con una calidez láctica muy equilibrada.
El sabor inicial está marcado por una dulzura noble y bien integrada, que no satura ni provoca sed debido a la calidad del azúcar natural empleado. Rápidamente emergen los matices de la leche entera de alta calidad, seguidos de un sutil toque de vainilla natural que redondea la experiencia gustativa. El final del trago es limpio, dejando un retrogusto persistente a cacao suave y un recuerdo mantecoso sumamente agradable que invita a continuar la degustación.
Este chocolate engancha de forma definitiva porque apela a un mecanismo psicológico de recompensa emocional ligado a la nostalgia y al placer sensorial sin complicaciones. La combinación de la forma lúdica de los bomberos con la excelencia del chocolate francés rompe la seriedad de los productos gourmet tradicionales sin perder sofisticación. Es un dulce que invita a jugar con la mirada antes de morder, creando una conexión emocional única entre el producto y el comensal.
Imaginen una tarde lluviosa de primavera en el centro de Ávila, resguardados del viento frío que suele azotar las históricas calles de piedra de la ciudad. En el salón de casa, se prepara una mesa auxiliar con tazas de porcelana fina y una tetera humeante de infusión aromática de frutas silvestres. En el centro de la mesa se dispone este estuche francés, abriendo un espacio de conversación animada entre los amigos reunidos alrededor de las figuras.
Cada invitado selecciona su herramienta de bombero favorita con una sonrisa, comentando los detalles del camión o del casco de chocolate antes de degustarlo con calma. Las risas se mezclan con el aroma del cacao que se funde despacio en la boca, transformando una tarde desapacible en un recuerdo hogareño imborrable. El chocolate actúa aquí como un catalizador social, un elemento que une a diferentes generaciones en torno al placer compartido de la buena mesa.
Otro escenario óptimo es el momento de la sobremesa de una comida de celebración familiar, cuando los platos principales ya se han retirado y se busca un cierre ligero. En lugar de los postres pesados y repetitivos de siempre, se sirve esta caja abierta junto a los cafés especiales de sobremesa y los licores espirituosos. Los adultos disfrutan de la finura del chocolate con leche francés mientras los más jóvenes se divierten descubriendo las formas temáticas de los bomberos.
Es también el capricho perfecto para disfrutar en la intimidad, cuando decidimos regalarnos un momento de desconexión absoluta frente al televisor o con un buen libro de lectura. Desenrollar visualmente una manguera de chocolate e ir saboreándola poco a poco es un ejercicio de atención plena que nos reconcilia con los pequeños placeres cotidianos. La mente se sumerge en los matices del cacao provenzal, olvidando por unos instantes las tensiones acumuladas durante la jornada laboral.
Comer este chocolate genera un bienestar profundo porque su composición rica en cacao estimula la producción de endorfinas de forma totalmente natural en nuestro organismo. No estamos ante un producto de consumo masivo que se engulle con prisa, sino ante una obra de artesanía comestible que exige ser saboreada con tranquilidad. Cada figura de bombero cuenta una historia de dedicación, de amor por el oficio chocolatero y de respeto por el paladar del cliente exigente.
Usos, aplicaciones y recetas
La utilización de este chocolate gourmet en la cocina doméstica abre un abanico de posibilidades creativas que van más allá del consumo directo del estuche. Las figuras de chocolate poseen una definición tan alta que resultan ideales para coronar postres sofisticados o para integrarse en elaboraciones de repostería templada. A continuación, se detallan cinco propuestas culinarias explicadas paso a paso para disfrutar de la versatilidad de este producto de la Provenza francesa.
Copas de mousse ligera de café con figuras de chocolate francesas
Esta receta propone una combinación clásica y sofisticada donde el amargor del buen café resalta de forma magistral las notas dulces y lácticas del chocolate. Es un postre de texturas contrastadas ideal para sorprender en una cena especial con amigos o familiares que aprecian los detalles finos.
Ingredientes:
Doscientos mililitros de nata líquida para montar con treinta y cinco por ciento de materia grasa.
Dos claras de huevos camperos frescos a temperatura ambiente.
Cincuenta mililitros de café espresso concentrado caliente de especialidad.
Tres hojas de gelatina neutra de origen animal.
Cincuenta gramos de azúcar glas finamente tamizado.
Cuatro figuras de la Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde para decorar.
Realización: Para comenzar con esta refinada preparación, introducemos las hojas de gelatina neutra en un cuenco con agua muy fría durante diez minutos para que se hidraten correctamente. Mientras tanto, preparamos el café espresso concentrado y, estando aún bien caliente, añadimos las hojas de gelatina escurridas de forma manual para que se disuelvan por completo. Dejamos que esta mezcla de café y gelatina se temple a temperatura ambiente de la cocina sin que llegue a cuajar.
En un bol amplio y limpio, montamos la nata líquida bien fría con la ayuda de unas varillas eléctricas hasta obtener una consistencia firme y con cuerpo. En otro recipiente libre de grasas, batimos las dos claras de huevo a punto de nieve e incorporamos el azúcar glas poco a poco hasta lograr un merengue brillante. Mezclamos el café templado con la nata montada utilizando una espátula de silicona con movimientos suaves de abajo hacia arriba para mantener el volumen.
A continuación, incorporamos el merengue a la mezcla anterior con extrema delicadeza para conseguir esa textura aérea y ligera tan característica de la mousse tradicional. Repartimos la mousse de café en cuatro copas de cristal elegantes y las introducemos en el frigorífico durante un mínimo de cuatro horas naturales. Justo antes de llevar los postres a la mesa, coronamos cada copa colocando una figura de chocolate sobre la superficie de la mousse.
Tips: Para que la figura de chocolate luzca impecable en la copa, manipúlenla con la ayuda de unas pinzas de cocina para evitar dejar marcadas las huellas dactilares sobre el cacao. El contraste entre la cremosidad fría del café y la textura crujiente de las herramientas de bombero es sencillamente sublime en boca.
Brochetas de frutas de temporada con hilos de chocolate con leche fundido
La fruta fresca encuentra en el chocolate con leche de alta calidad un compañero idóneo que equilibra los ácidos naturales de las piezas hortofrutícolas. Esta elaboración es una alternativa saludable y muy vistosa que se prepara en pocos minutos, aportando una presentación sumamente colorida y elegante.
Ingredientes:
Doce fresas maduras de Aranjuez limpias y secas.
Dos plátanos de Canarias cortados en rodajas de dos centímetros de grosor.
Un kiwi grande pelado y troceado en dados regulares simétricos.
Ochenta gramos de figuras de la Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde.
Diez mililitros de aceite de girasol refinado de sabor neutro.
Cuatro brochetas de madera noble tratada para alimentación.
Realización: Comenzamos lavando minuciosamente las fresas bajo el grifo de agua fría, retirándoles el pedúnculo verde con un cuchillo afilado y secándolas bien con papel de cocina. Pelamos los plátanos de Canarias y los cortamos en rodajas gruesas que aguanten bien el ensartado posterior en la brocheta de madera sin romperse. Troceamos el kiwi en dados del mismo tamaño que las fresas para que visualmente la brocheta presente una simetría estética muy cuidada.
Ensartamos de manera alterna las fresas, las rodajas de plátano y los dados de kiwi en las brochetas de madera, distribuyendo los colores de forma armoniosa. Colocamos las brochetas de frutas sobre una bandeja cubierta con papel de horno y las reservamos en la nevera mientras preparamos la cobertura. Troceamos las figuras de chocolate de la caja y las introducemos en un bol apto para el microondas junto con el aceite de girasol.
Calentamos el chocolate a potencia media en intervalos cortos de veinte segundos de tiempo, removiendo con una cuchara entre cada intervalo para evitar que se queme. Una vez que el chocolate esté completamente fundido y presente una textura líquida y brillante, lo vertemos sobre las brochetas de frutas haciendo hilos finos decorativos. Dejamos enfriar el chocolate a temperatura ambiente durante diez minutos antes de servir este postre fresco y crujiente a los comensales.
Tips: Podéis sustituir las frutas recomendadas por trozos de mango maduro o gajos de mandarina según la temporada del año en la que os encontréis cocinando. El aceite de girasol aporta una fluidez extra al chocolate fundido, permitiendo crear hilos decorativos mucho más finos, limpios y estilizados.
Bizcocho casero de yogur y almendras con tropezones de chocolate noble
Los bizcochos tradicionales ganan una dimensión gourmet extraordinaria cuando sustituimos las pepitas de chocolate industriales por trozos de chocolate artesano francés. Esta receta aporta una jugosidad excepcional gracias a la almendra molida y al fundido irregular del chocolate con leche durante el horneado en cocina.
Ingredientes:
Tres huevos camperos grandes a temperatura ambiente de la cocina.
Un yogur natural de vaca de tipo griego sin azúcar.
Ciento veinte gramos de azúcar blanquilla refinada tradicional.
Cien gramos de harina de trigo de repostería tamizada fina.
Cien gramos de almendra de la variedad marcona molida muy fina.
Ochenta mililitros de aceite de oliva virgen extra de variedad arbosana.
Un sobre de levadura química en polvo para repostería casera.
Noventa gramos de figuras de la Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde de repostería.
Realización: Precalentamos el horno de la cocina a ciento ochenta grados centígrados con calor arriba y abajo para asegurar una cocción interior óptima del bizcocho. En un bol grande, batimos los tres huevos camperos junto con el azúcar utilizando unas varillas manuales hasta que la mezcla blanquee levemente y gane volumen. Añadimos el yogur griego natural y el aceite de oliva virgen extra de sabor suave, batiendo de nuevo hasta integrar los líquidos.
Incorporamos la harina de trigo tamizada, la almendra molida y el sobre de levadura química, mezclando con movimientos envolventes utilizando una espátula de silicona alimentaria. Troceamos de forma tosca las figuras de chocolate de la caja con la ayuda de un cuchillo pesado de cocina, buscando que queden trozos desiguales. Pasamos los trozos de chocolate por un plato con un poco de harina para evitar que se vayan al fondo del molde durante el horneado.
Añadimos el chocolate picado a la masa del bizcocho y removemos una última vez con suavidad para distribuirlo de manera homogénea por todo el conjunto. Vertemos la masa en un molde rectangular previamente engrasado con un poco de mantequilla tradicional y espolvoreado con harina de trigo fina de repostería. Horneamos a media altura durante cuarenta minutos, comprobando que el interior esté cocido pinchando con un palillo de madera limpia antes de retirar.
Tips: Dejad enfriar el bizcocho dentro del molde sobre una rejilla metálica durante quince minutos antes de desmoldarlo para evitar que se quiebre por la base. Los trozos de chocolate francés se mantendrán semifundidos en el interior del bizcocho, ofreciendo una sorpresa deliciosa en cada bocado que den vuestros invitados.
Chocolate a la taza provenzal aromatizado con piel de naranja ecológica
El chocolate caliente es una de las bebidas reconfortantes más deseadas del invierno que adquiere una categoría superior al elaborarse con materia prima refinada. Esta receta se inspira en las meriendas tradicionales de los pueblos de la Provenza francesa, aportando un aroma cítrico sumamente sutil, distinguido y elegante.
Ingredientes:
Quinientos mililitros de leche entera fresca de vaca de pastoreo.
Ciento setenta y cinco gramos completos de la Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde.
La piel de una naranja ecológica madura libre de partes blancas amargas.
Una pizca de canela en polvo de la variedad de Ceilán de alta calidad.
Diez gramos de almidón de maíz de tipo maizena para espesar.
Realización: En un cazo pequeño de acero inoxidable, vertemos cuatrocientos cincuenta mililitros de leche entera fresca y añadimos la piel de la naranja ecológica junto con la canela. Calentamos la leche a fuego medio hasta que alcance el punto de ebullición suave, momento en el que apartamos el cazo del fuego de cocina. Tapamos el recipiente con un plato y dejamos que la leche infusione con los aromas cítricos durante diez minutos de reloj en reposo.
Mientras tanto, en los cincuenta mililitros de leche fría restantes, disolvemos el almidón de maíz removiendo con una cucharilla de café hasta que no queden grumos. Retiramos la piel de naranja del cazo de la leche y volvemos a colocar el recipiente sobre el fuego de la cocina a temperatura media. Añadimos todas las figuras de chocolate de la caja, removiendo constantemente con unas varillas manuales para facilitar que se disuelvan de manera perfecta.
Una vez que el chocolate esté completamente integrado en la leche caliente, vertemos la mezcla de leche fría y almidón de maíz sin dejar de remover. Cocinamos el conjunto culinario durante dos minutos adicionales a fuego lento hasta que la bebida espese y adquiera una textura brillante, aterciopelada y untuosa. Servimos el chocolate a la taza inmediatamente en tazas de barro cocido tradicionales o de cerámica fina para mantener la temperatura idónea de consumo.
Tips: Si deseáis un toque de sofisticación extra, podéis añadir unas gotas de licor de naranja Grand Marnier justo al final de la cocción en el cazo. Este chocolate caliente posee una finura excepcional gracias a la manteca de cacao pura francesa, resultando digestivo, ligero y muy equilibrado de azúcares.
Trufas heladas de chocolate artesano con cobertura de cacao puro en polvo
Las trufas son el bocado de confitería más delicado y selecto que se puede elaborar en el hogar utilizando como base un chocolate con leche premium. Esta receta congelada es una reinterpretación moderna del clásico bombón francés, aportando una textura que se derrite despacio en la boca liberando frescor láctico.
Ingredientes:
Cien gramos de figuras de la Caja Bomberos Chocolate 175g Le Comptoir de Mathilde troceadas.
Cincuenta mililitros de nata líquida para montar con treinta y cinco por ciento de grasa de leche.
Diez gramos de mantequilla tradicional artesana sin sal añadida.
Treinta gramos de cacao puro en polvo desgrasado para el rebozado exterior de las trufas.
Realización: Comenzamos picando finamente las figuras de chocolate de la caja con la ayuda de un cuchillo cebollero sobre una tabla de cortar de cocina limpia. Colocamos el chocolate picado en un bol de cristal resistente al calor y lo reservamos a un lado mientras calentamos la nata de repostería. En un cazo pequeño, llevamos la nata líquida a ebullición suave e inmediatamente la vertemos caliente sobre el chocolate picado en el bol de cristal.
Dejamos reposar la mezcla durante un minuto de tiempo para que el calor de la nata ablande las partículas de chocolate de la preparación. Removemos con una espátula pequeña desde el centro hacia los bordes hasta obtener una crema de chocolate brillante, homogénea y ligada denominada ganache tradicional. Añadimos la mantequilla artesana a temperatura ambiente y seguimos mezclando hasta que se incorpore por completo aportando un brillo extra a la masa.
Tapamos el bol de cristal con film transparente pegado a la piel de la masa y lo introducemos en el congelador durante tres horas naturales. Transcurrido ese tiempo, tomamos porciones de masa con una cucharilla de café y les damos forma esférica redondeada rápidamente utilizando las palmas de las manos. Pasamos cada trufa por un plato hondo que contenga el cacao puro en polvo desgrasado hasta que queden cubiertas de manera uniforme.
Tips: Mantened las trufas en el congelador dentro de un recipiente hermético de cristal hasta el momento exacto en el que vayan a ser consumidas por los invitados. Su textura helada se transforma en pura seda al entrar en contacto con el paladar, ofreciendo un final de comida aristocrático, elegante y exquisito.
Maridaje, valor, compra y bloque legal
El maridaje de este chocolate con leche provenzal es un ejercicio de equilibrio gustativo que requiere la selección de bebidas que respeten su delicadeza láctica. Los vinos dulces naturales elaborados con la variedad de uva moscatel de grano menudo son una de las mejores opciones para acompañar estas divertidas figuras francesas. La acidez frutal de estos vinos del mediterráneo corta la grasa de la manteca de cacao, realzando los matices aromáticos de la vainilla natural presente en la pasta.
Para los amantes de los destilados premium, este chocolate armoniza de forma excelente con un buen ron añejo que haya madurado en barricas de roble americano. Las notas de madera tostada, melaza y frutos secos del ron combinan de manera magistral con el perfil acaramelado del chocolate con leche francés. Si se prefiere una opción sin alcohol, sugerimos maridarlo con un café de especialidad de origen etíope, cuyos toques florales y cítricos crean un contraste vibrante y muy distinguido.
Al comparar este producto con las opciones de confitería temáticas que inundan las grandes superficies comerciales, la diferencia cualitativa es abismal en todos los aspectos. Las alternativas industriales suelen emplear un porcentaje ínfimo de cacao y sustituyen la valiosa manteca de cacao por grasas vegetales de palma o de palmiste perjudiciales. Esto da como resultado un producto de textura gomosa que se adhiere al cielo de la boca y presenta un dulzor plano, artificial e irritante.
El valor gastronómico de este estuche reside en su honestidad de ingredientes, en su impecable presentación estética y en el prestigio de su firma de origen. Adquirir este producto no es comprar un simple dulce de chocolate con leche, es regalar una porción del saber hacer repostero del sur de Francia. Cada euro invertido respalda directamente a una empresa familiar que defiende el empleo local y las técnicas de producción artesanales frente a la mecanización masiva industrial.
Para disfrutar plenamente de las virtudes de estas figuras de chocolate, es fundamental mantener el estuche alejado de fuentes de calor directas y de olores fuertes de la cocina. El chocolate posee una capacidad asombrosa para absorber los aromas del entorno debido a su alto contenido en grasas naturales nobles como la manteca. Cortar las piezas con cuidado y servirlas a una temperatura ambiente controlada de veintiuno grados centígrados es la clave para liberar su buqué provenzal refinado.
La compra de este artículo en nuestra tienda física de Ávila o a través de nuestra plataforma digital responde al deseo de adquirir exclusividad real y garantizada. Es el detalle perfecto para sorprender a profesionales del sector de salvamento, coleccionistas de objetos retro o simplemente a apasionados del chocolate con leche bien elaborado. Su enfoque elegante asegura que el regalo sea recibido como una muestra de buen gusto gastronómico y de aprecio por las cosas hechas con paciencia y esmero.
Bloque legal
Denominación del producto: Figuras de chocolate con leche con forma de herramientas y vehículos de bomberos.
Ingredientes: Azúcar natural refinado, manteca de cacao pura de primera presión, leche entera en polvo de vaca, pasta de cacao seleccionada, emulgente: lecicitina de soja de origen certificado, aroma natural de vainilla tradicional de Madagascar. Cacao mínimo en el chocolate con leche: treinta y tres por ciento.
Alérgenos: Contiene leche entera en polvo y productos derivados de la leche (incluida la lactosa). Contiene emulgente de lecitina de soja. Puede contener trazas de frutos de cáscara (avellanas, almendras, nueces) y trazas de gluten debido a los procesos compartidos en las instalaciones del obrador artesanal francés.
Peso neto: 175 gramos netos de chocolate artesano con leche moldeado a mano.
Condiciones de conservación: Almacenar en un lugar fresco, seco y completamente libre de olores extraños intensos, manteniendo una temperatura constante recomendada entre los dieciséis y los dieciocho grados centígrados. No introducir en el frigorífico doméstico a menos que sea estrictamente necesario por ola de calor extrema, protegiendo siempre la caja con un envoltorio hermético adecuado.
País de origen: Francia (Châteauneuf-du-Pape, Región de la Drôme Provençale, Occitania).
Empresa elaboradora: Le Comptoir de Mathilde, Zone Artisanale, 26230 Châteauneuf-du-Pape, Francia. Código de operador comercial internacional registrado en la Unión Europea.
Lote y consumo preferente: Consultar los datos alfanuméricos impresos en la etiqueta de fábrica situada en la base del estuche de cartón decorado (garantía de frescura de doce meses desde la fecha de fabricación).
Modo de consumo: Abrir el estuche retro con delicadeza y consumir de forma directa a una temperatura ambiente recomendada de veintiuno grados centígrados para apreciar de forma correcta su óptima solubilidad palatal y sus aromas lácticos nobles.
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