Garbanzo Castellano 1kg Legumbres El Rua
Historia, Contexto y Producto
El garbanzo es una de las legumbres con mayor trayectoria en la cuenca mediterránea, marcando la evolución culinaria de múltiples civilizaciones que han poblado la península ibérica. Esta legumbre ha sabido adaptarse a los terrenos castellanos más áridos, donde las condiciones climáticas y la composición mineral del suelo le confieren una identidad culinaria verdaderamente insustituible.
El cultivo tradicional del garbanzo castellano ha encontrado su máximo esplendor en la comarca abulense de La Moraña, un territorio caracterizado por sus llanuras infinitas y sus suelos franco-arcillosos. En este entorno sedimentario, el garbanzo castellano desarrolla una textura y un tamaño que lo han convertido en el referente absoluto de la gastronomía de cuchara tradicional.
La reconocida empresa familiar Legumbres El Rua, afincada en Tornadizos de Arévalo, mantiene vivo el legado agrícola de Ávila mediante una selección exhaustiva y un procesamiento sumamente respetuoso con el grano. Esta firma apuesta por recuperar la pureza de las semillas autóctonas, garantizando una regularidad analítica excepcional que los paladares gourmet identifican de forma inmediata.
El entorno natural donde crece este garbanzo castellano cuenta con un clima marcadamente continental, con inviernos prolongados que mitigan de forma biológica las plagas habituales del campo. Los veranos secos y calurosos completan la maduración de las vainas, permitiendo que el garbanzo castellano concentre sus nutrientes esenciales y adquiera su fisonomía rugosa tan característica.
Desde una perspectiva gastronómica premium, este garbanzo castellano destaca por su calibre uniforme y por una morfología redondeada que exhibe picos pronunciados y una piel sumamente arrugada. Estas cualidades visuales anticipan la calidad de una legumbre que absorbe los jugos de forma tridimensional, multiplicando el sabor final de cualquier caldo o estofado culinario.
El valor cultural del garbanzo castellano se entrelaza con la historia de los arrieros y labradores que recorrían las rutas comerciales de Castilla, portando costales llenos de este alimento energético. Ofrecer este garbanzo castellano en la alta cocina actual representa una puesta en valor de la biodiversidad agrícola y un reconocimiento a la constancia de los productores abulenses.
La firma Legumbres El Rua supervisa cada fase del ciclo productivo del garbanzo castellano, implementando una rotación de cultivos con cereales que enriquece el suelo de forma totalmente natural. Este método ancestral evita el agotamiento de los nutrientes edafológicos, asegurando que cada cosecha de garbanzo castellano mantenga los estándares minerales exigidos por los consumidores más selectos.
La recolección del garbanzo castellano se realiza en el momento exacto en que la planta adquiere una tonalidad dorada y las vainas se encuentran completamente deshidratadas por el sol mesetario. Posteriormente, el garbanzo castellano se somete a un proceso de cribado manual y limpieza óptica en las instalaciones de Tornadizos de Arévalo para descartar cualquier imperfección morfológica.
El garbanzo castellano envasado en su formato tradicional de un kilogramo representa el compromiso de Legumbres El Rua con la honestidad alimentaria, ofreciendo un producto limpio y sin aditivos químicos. La textura final de este garbanzo castellano responde a la ausencia de tratamientos industriales agresivos que alteren las propiedades físicas o biológicas de su cutícula exterior.
La versatilidad culinaria que posee el garbanzo castellano le permite transitar con absoluta elegancia desde los tradicionales cocidos madrileños o maragatos hasta las ensaladas vanguardistas de la restauración contemporánea. La nobleza de este garbanzo castellano radica en su capacidad para aportar suntuosidad y cuerpo a los caldos, convirtiéndose en el alma de la cocina de invierno.
La elección del garbanzo castellano por parte de los profesionales de la hostelería se justifica por su extraordinario rendimiento en cocina, aumentando notablemente su volumen original tras el remojo previo obligatorio. Este comportamiento físico demuestra la capacidad de hidratación que posee el garbanzo castellano, un indicador infalible de su frescura y de su correcto almacenamiento.
La comarca de La Moraña aporta al garbanzo castellano una concentración justa de calcio y potasio debido a las características químicas de sus acuíferos subterráneos y suelos calcáreos. Esta mineralidad del terreno se traduce en un garbanzo castellano que no se despelleja durante las ebulliciones prolongadas, manteniendo una presencia estética impecable en el plato de servicio.
El garbanzo castellano de Legumbres El Rua es el resultado de conjugar el respeto por los tiempos de la naturaleza con un control de calidad contemporáneo sumamente riguroso. Este equilibrio garantiza que el garbanzo castellano conserve intactas sus excelentes propiedades nutricionales, destacando por su alto contenido en proteínas vegetales, fibra soluble, hierro y vitaminas del grupo B.
La comercialización del garbanzo castellano en canales especializados responde a una demanda creciente de alimentos con identidad geográfica clara y trazabilidad absoluta desde el campo a la mesa. El consumidor actual encuentra en este garbanzo castellano una conexión genuina con el paisaje castellano, disfrutando de un ingrediente que dignifica las recetas más complejas.
El garbanzo castellano representa la excelencia de las leguminosas de la meseta norte española, compitiendo con los mejores granos mundiales gracias a su finura organoléptica y comportamiento térmico. La constancia de Legumbres El Rua asegura que cada talega de garbanzo castellano ofrezca los mismos atributos de suavidad y untuosidad que han dado fama a la marca.
Análisis Sensorial y Experiencia
El examen organoléptico de este garbanzo castellano revela una complejidad sensorial que comienza en la fase visual, donde el grano muestra un color marfil homogéneo muy atractivo. La superficie arrugada del garbanzo castellano evidencia una piel extremadamente fina que se expandirá armónicamente durante la hidratación nocturna previa a la cocción definitiva.
En estado crudo, el garbanzo castellano desprende un aroma limpio y campestre, con notas sutiles que recuerdan a la paja seca, al polvo de piedra caliza y a los campos cerealistas otoñales. No existen matices de humedad ni desviaciones aromáticas en este garbanzo castellano, lo que confirma las excelentes condiciones de conservación mantenidas en Tornadizos de Arévalo.
Cuando el garbanzo castellano entra en contacto con el agua en ebullición, los aromas se intensifican liberando vapores que evocan la cocina reconfortante, los caldos sustanciosos y las verduras frescas. La fragancia de este garbanzo castellano inunda el espacio culinario con notas leguminosas maduras, desprovistas de cualquier arista herbácea o verdor desagradable que delate falta de madurez.
En la fase gustativa, el garbanzo castellano manifiesta una finura soberbia, caracterizada por un sabor profundo, ligeramente dulce y con un fondo mineral sumamente elegante y equilibrado. Este garbanzo castellano no satura las papilas, sino que actúa como un soporte gustativo ideal que absorbe y potencia los sabores del compango ibérico o las esencias vegetales.
La textura de este garbanzo castellano tras el cocinado constituye su rasgo culinario más sobresaliente, ofreciendo una consistencia mantecosa que se deshace con suavidad en la boca. El interior del garbanzo castellano se transforma en una pasta finísima y homogénea que carece por completo de granulosidades molestas o núcleos duros derivados de una mala maduración.
La piel del garbanzo castellano permanece perfectamente adherida al cotiledón durante todo el proceso de masticación, resultando tan delgada que no genera interferencias táctiles en el paladar. Esta cualidad es crucial en el garbanzo castellano gourmet, ya que evita la molesta separación de hollejos que arruina la finura de los purés o la presentación de los granos enteros.
Este garbanzo castellano engancha de manera definitiva debido a la armonía que presenta entre su firmeza exterior y la suntuosidad de su masa interior una vez cocido. La adicción gastronómica que produce este garbanzo castellano radica en esa sensación reconfortante que tapiza la cavidad bucal, invitando a repetir la cucharada de forma constante y placentera.
La psicología del comprador premium encuentra en este garbanzo castellano una satisfacción plena que atiende al deseo de autenticidad culinaria y a la valoración del producto de origen. Elegir este garbanzo castellano supone un acto de hedonismo consciente, donde se privilegia la calidad de una legumbre artesanal frente a las opciones industriales de importación masiva.
El escenario narrativo ideal para degustar un plato elaborado con este garbanzo castellano se sitúa en un almuerzo dominical de invierno, resguardados del frío exterior de la meseta. La mesa se viste con mantelería de lino y los platos hondos reciben el garbanzo castellano humeante, cuyo aroma se mezcla con el crujir de una hogaza de pan recién horneada.
Otro contexto gastronómico idóneo para el garbanzo castellano se despliega en las cenas contemporáneas de tapeo selecto, presentado en forma de hummus refinado aromatizado con aceites de oliva virgen extra. En este ambiente cosmopolita, el garbanzo castellano demuestra su adaptabilidad, sorprendiendo a los comensales por la tersura y finura de la emulsión obtenida.
La persistencia sápida que regala este garbanzo castellano es notablemente prolongada, dejando un recuerdo limpio y untuoso que evoca los frutos secos tostados, especialmente la avellana. Este final de boca tan característico del garbanzo castellano justifica su inclusión en los menús degustación de los restaurantes que buscan ensalzar el producto tradicional.
El comportamiento mecánico del garbanzo castellano en la boca revela una elasticidad óptima que resiste la primera presión dental sin estallar ni desmoronarse de forma desordenada. Esta resistencia inicial da paso inmediato a la cremosidad interna, un contraste de fases físicas que consagra al garbanzo castellano como una delicia para los analistas sensoriales.
La homogeneidad en el calibre del garbanzo castellano de Legumbres El Rua elimina la desagradable experiencia de encontrar granos sobrecocidos junto a piezas que aún conservan dureza en su interior. Esta regularidad táctil permite que el garbanzo castellano ofrezca una masticación predecible y placentera en la totalidad de las porciones servidas en el plato.
La pureza organoléptica del garbanzo castellano permite su degustación incluso con un simple aderezo de sal marina y un hilo de aceite virgen, sin necesidad de enmascararlo con condimentos potentes. Esta honestidad del garbanzo castellano es la mayor prueba de su calidad, sobresaliendo por su propio carácter mineral heredado de las tierras abulenses de La Moraña.
Usos, Aplicaciones y Recetas
Las aplicaciones culinarias que admite el garbanzo castellano de Legumbres El Rua abarcan un espectro inmenso que va desde el recetario tradicional hasta las técnicas de la cocina molecular actual. La firmeza de su estructura exterior y la suntuosidad de su pulpa interior lo convierten en el candidato perfecto para soportar cocciones largas, salteados enérgicos o triturados sedosos de alta gama.
Cocido Tradicional de La Moraña con Garbanzo Castellano e Ibéricos
Esta receta rinde homenaje a los inviernos castellanos, utilizando el garbanzo castellano como eje central de un plato estructurado en tres vuelcos clásicos que reconfortan el cuerpo y el alma.
Ingredientes:
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400 gramos de Garbanzo Castellano 1kg Legumbres El Rua
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200 gramos de morcillo de ternera avileña
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150 gramos de panceta ibérica curada
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1 chorizo ibérico artesano de Ávila
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1 morcilla de cebolla tradicional
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1 hueso de caña con tuétano
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2 zanahorias grandes de la comarca
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1/2 repollo liso limpio
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2 patatas medianas chascadas
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3 litros de agua mineral blanda
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1 pizca de sal marina gruesa
Realización: Ponemos el garbanzo castellano en remojo en abundante agua templada con una pizca de sal gruesa durante al menos doce horas previas, asegurando que todos los granos se hidraten de manera uniforme y aumenten su tamaño natural. Al día siguiente, escurrimos el garbanzo castellano y lo reservamos mientras introducimos las carnes, la panceta, el chorizo y el hueso de tuétano en una olla grande con el agua mineral fría. Llevamos el agua a ebullición a fuego vivo, espumando meticulosamente la superficie para eliminar las impurezas y las grasas superficiales antes de introducir el garbanzo castellano hidratado.
Cuando el agua recupere el hervor tras añadir el garbanzo castellano, bajamos el fuego al mínimo y tapamos la olla para que prosiga una cocción lenta y constante durante dos horas aproximadas. Pasado este tiempo, incorporamos las zanahorias en rodajas gruesas, las patatas chascadas y el repollo cocinado previamente aparte para evitar que enturbie el caldo principal de la olla. Dejamos que todo el conjunto hierva suavemente durante treinta minutos más hasta que las verduras estén tiernas y el garbanzo castellano muestre una textura mantecosa inolvidable. Separamos el caldo para elaborar una sopa fina de fideos y servimos el garbanzo castellano acompañado de las viandas ibéricas.
Tips: Es fundamental introducir el garbanzo castellano siempre cuando el agua de la olla esté caliente o rompiendo a hervir, ya que el contacto con agua fría cortaría su cocción y encallaría los granos.
Este cocido tradicional ensalza la capacidad del garbanzo castellano para absorber la esencia de los embutidos sin llegar a romperse ni perder su atractiva presencia visual.
Hummus Gourmet de Garbanzo Castellano con Aceite de Trufa y Sésamo Negro
Una propuesta cosmopolita que transforma el garbanzo castellano en una crema untuosa de alta cuna, ideal para servir como aperitivo refinado en cenas sofisticadas de vanguardia.
Ingredientes:
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300 gramos de Garbanzo Castellano 1kg Legumbres El Rua cocido
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40 gramos de pasta de tahini artesanal
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1 diente de ajo pequeño sin el germen interno
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30 mililitros de zumo de limón recién exprimido
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50 mililitros de aceite de oliva virgen extra variedad picual
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15 mililitros de aceite de trufa blanca selecto
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10 gramos de semillas de sésamo negro tostadas
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1 pizca de comino molido aromático
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1 pizca de sal marina fina
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50 mililitros del agua de cocción de la legumbre
Realización: Introducimos el garbanzo castellano previamente cocido y perfectamente escurrido en el vaso de una batidora potente o procesador de alimentos junto con el diente de ajo blanqueado y la pasta de tahini. Añadimos el zumo de limón filtrado, la pizca de comino molido, la sal marina fina y la mitad del aceite de oliva virgen extra para iniciar el triturado. Comenzamos a procesar los ingredientes a velocidad media, vertiendo el agua de cocción de la legumbre poco a poco hasta conseguir una emulsión que resulte completamente lisa y cremosa.
Subimos la batidora a la máxima potencia durante dos minutos para airear la pasta de garbanzo castellano, logrando una ligereza y suavidad en boca dignas de la alta hostelería gourmet. Extendemos el hummus en un plato llano y elegante, creando unos surcos estéticos en la superficie con la ayuda de la parte posterior de una cuchara de servicio. Regamos los surcos con el resto del aceite de oliva y el aceite de trufa blanca, espolvoreando finalmente las semillas de sésamo negro tostadas para el contraste. Servimos el plato acompañado de bastones de verduras frescas o pan de pita crujiente.
Tips: Para lograr un hummus de garbanzo castellano extremadamente sedoso, se aconseja pasar la crema por un colador chino de malla fina tras el triturado, eliminando cualquier microresto de cutícula.
Una elaboración que demuestra la versatilidad internacional del garbanzo castellano cuando se procesa con herramientas culinarias modernas de alta precisión.
Garbanzo Castellano Salteado con Cigalas, Boletus y Reducción de Oloroso
Un plato de mar y montaña de alta sofisticación culinaria donde el garbanzo castellano actúa como el nexo conductor perfecto entre los jugos del marisco y los aromas terrosos del bosque.
Ingredientes:
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250 gramos de Garbanzo Castellano 1kg Legumbres El Rua cocido
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8 cigalas frescas de buen tamaño
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150 gramos de boletus edulis limpios y troceados
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1 cebolla morada pequeña picada en brunoise
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50 mililitros de vino generoso oloroso de Jerez
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30 mililitros de aceite de oliva virgen extra premium
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1 diente de ajo laminado fino
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1 rama de perejil fresco picado
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1 pizca de sal marina en escamas
Realización: En una sartén amplia calentamos el aceite de oliva virgen extra y doramos las cigalas enteras durante un minuto por cada lado para sellar sus jugos y perfumar la materia grasa. Retiramos las cigalas de la sartén, las pelamos con sumo cuidado reservando los cuerpos y presionamos las cabezas para extraer todos sus corales directamente sobre el aceite aromático remanente. Añadimos la cebolla morada picada en brunoise y el ajo laminado al fuego, sofriendo los vegetales a intensidad media hasta que adquieran un tono dorado y una textura blanda.
Incorporamos los boletus edulis troceados a la sartén y los salteamos a fuego vivo durante tres minutos hasta que desprendan su fragancia característica a bosque húmedo. Añadimos el garbanzo castellano cocido y vertemos el vino oloroso de Jerez, dejando que el alcohol se evapore por completo y los jugos se reduzcan hasta formar una salsa densa. Reincorporamos los cuerpos de las cigalas a la sartén en el último instante para que se calienten sin sobrecocinarse y espolvoreamos el perejil fresco picado. Servimos el salteado caliente en platos hondos decorando con las escamas de sal marina.
Tips: El secreto para que este salteado sea un éxito radica en que el garbanzo castellano esté cocido al dente, evitando que se deshaga al integrarse con el salteado enérgico de las setas.
La untuosidad natural que posee el garbanzo castellano combina de forma magistral con la textura tersa del marisco y la melosidad de los boletus edulis.
Potaje de Vigilia Vanguardista con Garbanzo Castellano, Bacalao y Espuma de Espinacas
Una reinterpretación de la receta cuaresmal donde el garbanzo castellano mantiene su hegemonía, acompañado por texturas contemporáneas que renuevan el recetario clásico.
Ingredientes:
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300 gramos de Garbanzo Castellano 1kg Legumbres El Rua
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200 gramos de lomo de bacalao desalado premium
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1 cebolla blanca picada fina
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1 diente de ajo picado
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150 gramos de espinacas frescas tiernas
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100 mililitros de nata líquida para cocinar
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1 litro de caldo de pescado suave casero
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30 mililitros de aceite de oliva virgen extra
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5 gramos de pimentón dulce de La Vera
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1 hoja de laurel fresco
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1 pizca de sal marina
Realización: Cocemos el garbanzo castellano previamente hidratado en una olla con el caldo de pescado suave y la hoja de laurel durante aproximadamente una hora y media a fuego mínimo. En una sartén aparte, preparamos un sofrito clásico calentando el aceite de oliva virgen extra para dorar la cebolla blanca y el ajo picado hasta que caramelicen de forma natural. Añadimos el pimentón dulce de La Vera al sofrito, removiendo rápidamente para evitar que se queme, e incorporamos este conjunto a la olla principal del garbanzo castellano.
Mientras el garbanzo castellano termina su cocción, cocinamos las espinacas frescas con la nata líquida y una pizca de sal, triturando el conjunto e introduciéndolo en un sifón de cocina. Cortamos el lomo de bacalao desalado en dados regulares y los sumergimos en la olla caliente durante los últimos cinco minutos para que se confiten de forma delicada. Emplatamos disponiendo el garbanzo castellano estofado con el bacalao en el fondo de un plato hondo y coronamos con una generosa nube de espuma de espinacas. Servimos inmediatamente para disfrutar del contraste térmico y de texturas.
Tips: Si no se dispone de sifón de cocina, la crema de espinacas se puede emulsionar a alta potencia con una batidora de mano para obtener una textura ligera parecida a un terciopelo vegetal.
Este formato innovador preserva la esencia sápida del potaje tradicional, otorgando todo el protagonismo a la textura mantecosa del garbanzo castellano abulense.
Ensalada Templada de Garbanzo Castellano, Pato Confitado y Vinagreta de Higos
Una ensalada de otoño llena de contrastes donde la calidez del pato y el dulzor de los higos se apoyan en la consistencia firme de la legumbre seleccionada.
Ingredientes:
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250 gramos de Garbanzo Castellano 1kg Legumbres El Rua cocido
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1 muslo de pato confitado en su propia grasa
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4 higos frescos maduros pero firmes
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50 gramos de nueces peladas troceadas
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100 gramos de brotes tiernos de espinaca y rúcula
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40 mililitros de aceite de oliva virgen extra variedad arbequina
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15 mililitros de vinagre de Jerez envejecido
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10 gramos de miel de flores artesana
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1 pizca de sal marina fina
Realización: Desmigamos el muslo de pato confitado retirando la piel y los huesos, y doramos la carne en una sartén sin añadir grasas adicionales aprovechando los jugos adheridos a las fibras. Añadimos el garbanzo castellano cocido a la sartén junto con el pato para que tome temperatura y absorba los aromas de la grasa noble durante un par de minutos. En un cuenco aparte, elaboramos la vinagreta gourmet batiendo el aceite de oliva virgen extra arbequina con el vinagre de Jerez, la miel de flores y la pizca de sal. Cortamos los higos frescos en cuartos limpios tras lavar su piel exterior con esmero y reservamos los trozos sobre papel absorbente de cocina.
Disponemos una cama generosa de brotes tiernos de espinaca y rúcula en una ensaladera amplia o en platos individuales para el servicio de los comensales. Repartimos la mezcla templada de garbanzo castellano y pato confitado sobre los vegetales verdes, añadiendo las nueces troceadas y los cuartos de higos frescos de forma armónica. Regamos la ensalada con la vinagreta de higos y miel de flores de manera uniforme justo en el momento previo a llevar la preparación culinaria a la mesa. Servimos la ensalada templada garantizando el disfrute de los contrastes gustativos.
Tips: Para aportar un toque crujiente extra a la ensalada, la piel del pato se puede hornear a doscientos grados entre dos papeles sulfurizados hasta deshidratarla y picarla sobre el plato.
La combinación del dulzor frutal con la salinidad del pato encuentra en el garbanzo castellano el soporte perfecto para equilibrar los picos de sabor en cada bocado.
Maridaje, Valor, Compra y Bloque Legal
El maridaje de un garbanzo castellano de la categoría que ofrece Legumbres El Rua exige la elección de bebidas que armonicen con la suntuosidad de sus caldos y estofados tradicionales. Los vinos tintos con crianza media, procedentes de las variedades tempranillo o garnacha de las zonas colindantes de Castilla y León, constituyen el acompañamiento natural perfecto. La frutosidad madura y los toques de roble de estos vinos tintos respetan la mineralidad del garbanzo castellano, limpiando la grasa del compango sin saturar las papilas gustativas.
Para las aplicaciones culinarias vanguardistas que incorporan mariscos o trufas, los vinos blancos fermentados en barrica o los espumosos de larga crianza ofrecen una experiencia verdaderamente sublime. La acidez vibrante y el carbónico fino de un buen espumoso rompen la densidad mantecosa que el garbanzo castellano despliega en la boca, refrescando el paladar de forma inmediata. Asimismo, los vinos generosos andaluces como los amontillados combinan de forma magnífica con las preparaciones texturizadas como el hummus aromático.
Al establecer una comparativa entre este garbanzo castellano y las opciones industriales de importación masiva, las diferencias técnicas resultan abrumadoras para el consumidor exigente. Los granos comerciales suelen presentar hollejos coriáceos que se desprenden durante la ebullición debido a los tratamientos mecánicos agresivos que sufren en las grandes plantas de envasado. El de La Moraña mantiene una adherencia perfecta de su piel, garantizando una digeribilidad muy superior gracias a la calidad de sus fibras naturales.
El valor gastronómico reside en su honestidad agraria y en la preservación de unos métodos de cultivo que defienden la sostenibilidad del entorno abulense. Adquirir una talega de un kilogramo representa un apoyo directo a la economía rural de Tornadizos de Arévalo y una apuesta por la soberanía alimentaria premium. Cada porción cocinado condensa el saber hacer de generaciones de agricultores dedicados a buscar la perfección en el sector de las leguminosas.
Para obtener el máximo rendimiento en el hogar, se aconseja almacenar el garbanzo castellano en un espacio fresco, seco y completamente resguardado de la incidencia directa de las radiaciones solares. La hidratación previa debe realizarse siempre con agua blanda o mineral de mineralización débil para evitar que el exceso de cal endurezca las fibras del grano antes de entrar en la olla. Siguiendo estos sencillos consejos de uso, el garbanzo castellano responderá siempre con la cremosidad y suntuosidad que lo caracterizan mundialmente.
El enfoque de venta de este garbanzo castellano huye de los reclamos comerciales vacíos, basándose exclusivamente en la excelencia contrastada de sus analíticas nutricionales y comportamiento físico en cocina. Es una fuente natural extraordinaria de energía limpia, proteínas vegetales de alto valor biológico y minerales esenciales indispensables para una dieta equilibrada contemporánea. Disfrutar del garbanzo castellano de Legumbres El Rua es, en definitiva, un homenaje al sabor auténtico del campo castellano elevado a la categoría de joya gourmet.
Bloque de Información Legal Certificada
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Denominación del producto: Garbanzo Castellano Tradicional Selección Premium.
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Ingredientes: Garbanzo castellano en grano de calibre uniforme (calibres comprendidos entre 8 y 9 milímetros) seleccionado meticulosamente.
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Alérgenos: Producto exento de alérgenos directos en su composición. Puede contener trazas de gluten y soja debido a los procesos habituales de rotación de cultivos en las fincas de producción agrícola.
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Peso neto: 1 Kilogramo (envasado en talega tradicional o bolsa transpirable termosellada de alta resistencia).
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Conservación: Conservar en un lugar fresco, seco, limpio y alejado de fuentes de calor o humedades ambientales. Una vez abierto el envase, se recomienda mantener el garbanzo castellano en un recipiente hermético limpio.
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Origen: Comarca histórica de La Moraña (Tornadizos de Arévalo), Provincia de Ávila, Comunidad Autónoma de Castilla y León, España.
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Empresa elaboradora: Legumbres El Rua, Calle Palacios de Goda, sin número, 05215 Tornadizos de Arévalo, Ávila, España. Registro Sanitario oficial europeo vigente.
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Lote y consumo preferente: El número de lote específico y la fecha de duración mínima recomendada se encuentran impresos de forma indeleble en la zona posterior del envase comercial.
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Modo de consumo: Requiere un periodo de remojo previo en agua templada de 10 a 12 horas antes de su preparación culinaria. Introducir el garbanzo castellano siempre en agua caliente y cocinar a fuego lento durante un tiempo aproximado de 90 a 120 minutos en olla tradicional, o de 30 a 40 minutos en olla a presión rápida.
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Información nutricional media por cada 100 gramos de producto seco: Valor energético de 1450 kiloJulios / 343 Kilocalorías; Grasas brutas 5.9 gramos (de las cuales grasas saturadas 0.6 gramos); Hidratos de carbono disponibles 44.3 gramos (de los cuales azúcares naturales 2.4 gramos); Fibra alimentaria soluble 15.5 gramos; Proteínas vegetales totales 20.3 gramos; Sal mineral natural 0.03 gramos; Hierro orgánico 6.8 miligramos.




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